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El fracaso de la negociación internacional en la organización mundial de la salud

Sin un tratado vinculante para prevenir futuras pandemias

por Germán Velásquez, junio de 2024

Un pequeño grupo de países industrializados, donde se encuentra la gran industria farmacéutica, se opuso al texto del tratado vinculante para prevenir futuras pandemias que se esta negociando desde hace dos años en la Organización Mundial de la Salud (OMS). Estos países optaron por proteger los intereses privados de su industria. Los países del Sur, aunque son claramente la mayoría, no lograron hacer aprobar un texto basado en el interés público, en defensa de la salud de todos los ciudadanos del planeta. Una vez más, los intereses comerciales privados se encontraron por encima del interés público ante los ojos impotentes del secretariado de la OMS y sin tomar en cuenta los llamados críticos de expertos, de organizaciones como el Centro Sur, de organizaciones no gubernamentales (ONG) que trabajan en cuestiones de salud y de observadores académicos que siguen el tema.

El viernes 10 de mayo del 2024, la OMS publicó un comunicado de prensa intitulado “Los gobiernos acuerdan seguir avanzando en la propuesta de acuerdo sobre pandemias” (1). Parece una autoproclamación de victoria… ¡que eufemismo! Los países miembro de la OMS no habían acordado nada, simplemente reconocieron que la negociación durante dos años –que era el plazo fijado por el conjunto de los países miembros para definir el tratado– había fracasado. El órgano intergubernamental de negociación (INB, por sus siglas en inglés), encargado de redactar un documento que debía presentarse para aprobación en la Asamblea Mundial de la Salud de junio del 2024, en su último día de mandato ya no trabajaba en el texto, sino en cómo renovar su mandato…

Si se pretende seguir negociando, lo primero que se debería hacer sería analizar, identificar y reconocer los motivos por los cuales la negociación fracasó. Los dos puntos mas debatidos son: el de las barreras que puede constituir la propiedad intelectual y el uso de patentes en tiempos de pandemia (artículo 11 del proyecto de documento del borrador no aprobado); y el sistema PABS (Pathogen Access and Benefit Sharing, ‘Acceso a patógenos y reparto de beneficios’). Este sistema implica que el suministro de información sobre un agente patógeno –esencial para el desarrollo de vacunas y tratamientos– iría ligado a un mecanismo que garantice el acceso a los productos sanitarios desarrollados a partir de esos datos. Según la última versión del proyecto de tratado que fracasó, la OMS reservaría el 20% de la producción mundial de medicamentos producidos en el marco del PABS –una mitad gratuitamente y la otra, a un precio preferencial– para canalizarlas hacia los países en desarrollo (artículo 12 del borrador no aprobado).

El primer problema que dificulta abordar estos dos puntos conflictivos (y otros puntos del documento sobre los cuales no hubo acuerdo) deriva de lo que se podría considerar como una doble postura, podríamos decir casi esquizofrénica, en las grandes declaraciones de los jefes de Estado (2) de los países industrializados. Por un lado afirman considerar los medicamentos como bienes públicos mundiales, pero por otro lado, defienden y tratan de imponer lo contrario, que los medicamentos son mercancías sanitarias, como se ve en las discusiones con los negociadores de estos países (como fue el caso de la negociación INB 2021-2024).

El segundo problema de la negociación, y probablemente el más grave, es el haber abandonado el concepto de medicamento esencial (el cual cubre vacunas, diagnósticos y tratamientos) elaborado durante cuarenta años por la OMS y adoptado por la gran mayoría de los países en desarrollo. Este ha sido remplazado por el ambiguo término de “contramedidas médicas o de salud” (health counter­measures o medical countermesures) (3), sintagma que no significa nada en términos de salud pública pero que hace alusión a la seguridad y las guerras a con­tener. Las “contramedidas médicas” corresponden en realidad a mercancías sanitarias, que las grandes industrias farmacéuticas de los países industriali­zados utilizan como armas comerciales, y no a medicamentos esenciales que se pueden considerar como bienes públicos.

El tercer problema general del texto que no se consiguió adoptar es que, si lo comparamos con los textos que fueron aprobados hace quince años en la OMS, hay un retroceso fuerte en el tema de los derechos de propiedad intelectual (4). Podemos observar en la formulación del texto que pasamos de “uso obligatorio de las flexibilidades del acuerdo de los ADPIC” al ambiguo lenguaje de “medidas voluntarias mutuamente acordadas”.

Los países industrializados han debilitado las formulaciones de la versión inicial del borrador y el texto está lleno de matices innecesarios. La expresión “cuando proceda” y otras formulaciones típicas de las disposiciones voluntarias aparecen ahora repetidamente. No se trata de seguir negociando para “refinar el actual borrador”, como dice el comunicado de la OMS. Es necesario reformular substancialmente el documento de tal manera que este contenga medidas legalmente aplicables que respondan al problema del acceso a la I+D (investigación y desarrollo) y las tecnolo­gías necesarias para la producción de medicamentos esenciales para las futuras pandemias.

El actual proyecto de texto del tratado vinculante para prevenir futuras pandemias sobre el que se pretende seguir negociando está lejos de responder adecuadamente los retos planteados durante la crisis de la covid-19.

Cómo nació la idea de un tratado internacional vinculante sobre futuras pandemias

El propósito de ese tratado internacional vinculante era evitar que se repitieran los fracasos que se produjeron durante la crisis de la pandemina de la covid-19. Muchas cosas no funcionaron, pero el fiasco más flagrante fue la desigual distribución y acceso a medicamentos esenciales: vacunas, diagnósticos y tratamientos.

La pandemia de la covid-19 demostró, en particular, que habría sido necesaria una acción conjunta y organizada en la que el interés público, la justicia y la equidad global habrían sido primordiales. Como hoy sabemos, esto no ocurrió.
El 30 de marzo de 2021, cuando muchos aún pensaban que tras el violento golpe de la covid-19 seríamos capaces de construir un mundo mejor, veinticinco jefes de Estado del mundo entero se unieron al presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, y al director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, para pedir un tratado internacional sobre pandemias basado en las lecciones aprendidas durante la pandemia del coronavirus. Esta fue la base que llevó a iniciar, en diciembre de 2021, un ciclo de negociaciones para llegar a un tratado vinculante y a que se creara el mencionado INB.

Paralelamente a la negociación de este tratado internacional, también se inició la revisión del Reglamento Sanitario Internacional (2005). El alcance y los objetivos respectivos de estos procesos paralelos no siempre estuvieron claros, lo que ha dado lugar a procesos sobrepuestos y a menudo confusos en el marco de negociación del tratado.

El contenido del tratado

La Secretaría de la OMS preparó un borrador de documento de síntesis consolidado de los elementos sustantivos, como base para su consideración y discusión, con el fin de llegar a un borrador cero sobre el que pudieran iniciarse las negociaciones. El documento contenía 74 elementos para el debate que, en muchos casos, confundían más que ayudaban en el proceso.

Los elementos sustantivos, que algunos países destacaron como importantes, podrían agruparse en torno a cinco ejes centrales: gobernanza; investigación y desarrollo (I+D) y transferencia de tecnología; financiación; capacidad de laboratorio, pruebas clínicas e intercambio de datos; y comunicación e información.

Se estudiaron varios proyectos de disposiciones del tratado en una serie de rondas de negociación entre 2022 y 2024. La novena ronda tuvo lugar en mayo del 2024. Los debates se celebraron en grupos temáticos por paí­ses y la secretaría del INB, con el apoyo de la secretaría de la OMS, llevó a cabo consultas informales.

Tensiones, avances y retrocesos

Negociar el tratado no es tarea fácil, y las divergencias entre países en desa­rrollo y desarrollados en cuestiones clave siguen siendo enormes.
Según el actual director general, la Secretaría de la OMS debe estar siempre a favor de los países en desa­rrollo, los pobres y los que sufren. Se trata de una postura interesante, novedosa y coherente que contrasta con la de anteriores directores generales que defendían una “neutralidad”, que desa­fortunadamente desde hace más de veinte años no existe en la OMS. En la práctica, lo que suele ocurrir es que la Secretaría de la OMS, que da apoyo a los países en este tipo de negociaciones, suele defender los intereses de los países desarrollados o más concretamente, en este caso, los intereses de las industrias farmacéuticas ubicadas en estos países.

Según un reciente editorial de la revista Lancet, “tal vez el INB [el órgano intergubernamental de nego­ciación] esté haciendo todo lo que puede, pero en última instancia son los políticos de los países del G7 quienes deben dejar de lado los intereses creados de la industria y comprender por fin que en una pandemia no puedes proteger solo a tus propios ciudadanos: la salud de uno depende de la salud de todos” (5).

El tratado para responder contra futuras pandemias será uno de los temas centrales de la próxima Asamblea Mundial de la Salud de la OMS, en junio de este año 2024, donde se insistirá en la necesidad de seguir negociando. Lo importante es cómo y qué negociar. El texto del tratado debe ser vinculante para que los errores e injusticias que se cometieron durante la covid-19 puedan corregirse de manera eficaz. El texto actual debería ser substancialmente reformulado y la negociación tendría que seguir sobre bases más ambiciosas. El texto actual parece más un borrador de una resolución de la Asamblea Mundial de la Salud y está lejos de ser un proyecto de tratado internacional vinculante. Si mañana hubiera una nueva pandemia, el borrador actual –sobre el que no hubo acuerdo– no cambiaría nada.

Si los países del Sur, que constituyen la mayoría de los miembros de la OMS, se unen con una visión clara y fuerte de la salud pública, y los del Norte actúan con lucidez y se basan en la ciencia, buscando la seguridad para todos, podremos contribuir con éxito al bienestar de las generaciones futuras.

Y si al final un pequeño grupo de países industrializados, defendiendo la agenda y los intereses de sus industrias, se oponen a la adopción de un tratado capaz de servir eficazmente a la salud pública mundial con justicia y equidad, es útil recordar que la OMS es una institución demo­crática donde existe la posibilidad de votar y donde los países del Sur representan una amplia mayoría.

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(1) “Governments agree to continue their steady progress on proposed pandemic agreement ahead of the World Health Assembly”, Departamento de Comunicación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Ginebra, 10 de mayo de 2024.

(2) Más de diez jefes de Estado se dirigieron a la Asamblea Mundial de la Salud de mayo de 2020 argumentando que los futuros medicamentos, vacunas y tratamientos para la covid-19 debían ser considerados como bienes públicos mundiales. Véase: “Global leaders unite to ensure everyone everywhere can access new vaccines, tests and treatments for COVID-19”, OMS, 24 de abril de 2020, https://who.int

(3) “Emergency countermeasure development and deployment”, noviembre de 2023, The O’Neill Institute for National and Global Health Law, Foundation for the National Institutes of Health y University of Cape Town, https://fnih.org

(4) WHO Global strategy and plan of action on public health, innovation and intellectual property”, resolución 61.21.

(5) “The pandemic treaty: shameful and unjust” editorial de The Lancet, 2 de marzo de 2024, https://thelancet.com

Germán Velásquez

Consejero especial de Políticas y Salud en el South Center, Ginebra (Suiza).