En una nota breve, el fotógrafo Alfred Stieglitz comenta su interés por la relación entre las nubes y el resto del mundo, y por las nubes en si mismas. Porque no le pertenecen, porque están ahí para quien quiera mirarlas, él quiere llegar a fotografiarlas. Es el año 1923. La experiencia de la foto como foto pasa a ser seminal en la construcción de una nueva cultura que hará de la notación del dispositivo técnico una marca, autoral y espectatorial, que separa la fotografía de cualquier otro tipo de medio. Esta experiencia, labrada a lo largo de un siglo, es la que atraviesa Manuel Vilariño para que las montañas negras, la solitud de las bancadas de hielo, la aurora lenta, el movimiento perpetuo de una línea en el horizonte sea absolutamente diferente de lo que hayamos visto.
Los (...)

