Las sociedades transnacionales actúan en todas las esferas de la actividad humana. Desde la producción y los servicios hasta la especulación financiera. Maximizar el beneficio en el menor tiempo obliga a estas corporaciones a moverse en una zona dudosa entre uno y otro lado de la ley.
Su poder, y cómo lo ejercen, les ha permitido subordinar a sus propias estrategias las políticas de los Estados y de las instituciones internacionales. No son ajenas, pues, al vaciado de contenido y competencias de la democracia representativa, de igual modo que constituyen un factor determinante en la crisis política, económica, social, ecológica y cultural que afecta a la humanidad.
Despertar la alarma social es necesario, pero insuficiente. De lo que se trata, dice Teitelbaum, es de que la gente conozca lo mejor posible en todos sus aspectos el sistema vigente y su intrínseca injusticia, inhumanidad e irracionalidad, y de que cada individuo tome conciencia (...)


