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Danza

Un “pas de deux” con la política

El arte coreográfico nació en el siglo XVII. Las autoridades quisieron oponerlo a la tradición popular, y así establecieron una división y una jerarquización duraderas. En la década de 1980, la danza contemporánea se estableció como norma de distinción, mientras que el arte debía paliar los males del capitalismo.

por Christophe Apprill, febrero de 2025

A diferencia de lo que ocurrió en la música o en las artes plásticas, las élites culturales francesas mostraron poco interés por el arte coreográfico durante buena parte del siglo XX. Fue en Alemania (Mary Wigman, Rudolf Laban) y Estados Unidos (Isadora Duncan, Martha Graham) donde surgió la danza “moderna”; y no en Francia, donde la danza clásica ejercía su hegemonía, encarnada por el cuerpo de ballet de las óperas. Aislados de la intelectualidad, dominados estética y políticamente, los bailarines faltaron a su cita con la modernidad. Y cuando, en 1961, el ministro de Cultura André Malraux creó una dirección de teatro, música y acción cultural, el arte coreográfico siguió siendo sinónimo de ballet clásico.

Esta situación hunde sus raíces en la historia. A finales del siglo XVI se desarrolló un nuevo interés por el arte coreográfico y en la corte se formalizó una danza culta. Junto con la esgrima y (...)

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