El pasado 3 de diciembre, el presidente de Corea del Sur abandonó repentinamente una reunión del Consejo de Ministros sin ofrecer ninguna explicación. La mayoría de los miembros de su Gabinete no descubrieron el motivo de esta ausencia imprevista hasta que oyeron a Yoon Suk-yeol pronunciar un discurso televisado emitido desde la sala contigua: Corea del Sur estaba a punto de vivir su decimoséptimo episodio de ley marcial desde la fundación de la República en 1948. Por suerte, este iba a ser el más breve.
Mientras está pronunciando su discurso, todo es sencillo en la cabeza de Yoon: cuando una Asamblea Nacional (el Parlamento surcoreano) controlada por la oposición se niega a obedecer al presidente del país —por ejemplo, votando en contra del presupuesto que exige su Gobierno—, está burlando el sufragio universal y desacatando la Constitución. ¿Qué importa que los propios diputados hayan sido elegidos también por sufragio y que (...)


