En la década de 1950, la Federación de las Rodesias y de Niasalandia, en el sudeste africano, construyó una presa hidroeléctrica en el río Zambeze. Inaugurada en 1960 en presencia de la reina Isabel II, la obra —diseñada por el ingeniero francés André Coyné— dio nacimiento a un lago de más de 5.000 kilómetros cuadrados, cuatro veces la superficie de la ciudad de Nueva York. El propósito del proyecto, en el que participaron ingenieros europeos, capitales internacionales y obreros africanos, era construir el mayor embalse de la época, y transformó un valle habitado en un recurso hídrico estratégico. En la actualidad, con una potencia total de 2.000 megavatios (MW), la presa alimenta dos centrales subterráneas, cada una de las cuales proporciona dos tercios de la electricidad consumida en los países rivereños, Zambia al norte y Zimbabue al sur.
El llenado del lago Kariba (‘pequeña trampa’, en idioma tonga) inundó entonces el (...)



