No sabemos a ciencia cierta qué convierte una obra en clásica, sin embargo, podemos identificar instintivamente una cuando su recuerdo nos resulta imborrable. Tal es el caso de Pies descalzos, cuya lectura es capaz de impresionar sobremanera. Claro que, ¿acaso es posible que el relato autobiográfico de un niño víctima de la bomba nuclear nos deje indiferentes?
No obstante, esta novela gráfica va mucho más allá de la cruda y pormenorizada descripción del horror. Su objetivo es ponernos en la piel de la población civil de aquellos años, fanatizada por el militarismo japonés y azotada cruelmente por la guerra. Por eso, la historia empieza antes del bombardeo, en unos capítulos que explican el contexto y sientan la base ideológica de la obra a través de las enseñanzas del padre del protagonista. Esto es, no sucumbir al odio y ser como el trigo, que crece más fuerte cuanto más pisotea uno su (...)