
Hace ya mucho que la figura del arribista cínico dejó de sorprendernos demasiado. En el siglo XIX, Alexandre Dumas en Gabriel Lambert, Émile Zola en La jauría y Guy de Maupassant en Bel Ami definieron sus principales rasgos psicológicos a través de personajes arquetípicos de ambiciosos de tomo y lomo.
En las décadas de 1930 y 1940, un ejemplo singular de esto lo encarnó el francés Paul Marchandeau (1882-1968). Antiguo alumno del liceo Pierre-de-Fermat de Toulouse, se trasladó a París, donde cursó estudios de Derecho hasta doctorarse. Posteriormente fundó un despacho de abogados, se lanzó a la política en las filas del Partido Radical-Socialista y colaboró con el diario de Reims L’Éclaireur de l’Est. Pronto ascendió a su dirección. Y así se estableció en una región: Marne. Fue alcalde de Reims entre 1925 y 1942; diputado por Marne a partir de 1926; presidente del Consejo General de Marne desde 1937; y (...)


