El 9 de septiembre, la aviación israelí bombardeaba un barrio acomodado de Doha, la capital de Qatar. Según Tel Aviv, el ataque, que se saldó con siete muertos y veinte heridos, estaba dirigido contra “terroristas de Hamás”. Para las autoridades cataríes, el bombardeo tenía sobre todo por objetivo al equipo de negociadores palestinos que se había reunido para valorar la última propuesta estadounidense hasta la fecha con vistas a un alto el fuego en Gaza. En la tribuna de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el emir catarí Tamim bin Hamad al Thani calificó la operación de “terrorismo de Estado” y acusó al primer ministro de Israel Benjamín Netanyahu de querer convertir la península arábiga en una “esfera de influencia israelí”. Pero, tras las iras de Qatar por la violación de su soberanía, asoma también la frustración de haberse visto traicionado por su protector estadounidense.
Tras la sangrienta incursión en (...)


