El 25 de abril de 2025, una nota interna firmada por el jefe de gabinete del secretario general António Guterres conmocionó a la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La nota exigía a las direcciones del secretariado general que identificaran, en un plazo de tres semanas, los puestos susceptibles de ser suprimidos o deslocalizados. Algunas semanas antes, Guterres había anunciado la iniciativa ONU80, en referencia al 80.º aniversario de la institución mundial, destinada a “mejorar la eficacia y el rendimiento” y “optimizar los recursos”.
Lo brutal de los plazos y la ausencia de garantías sociales provocaron una onda expansiva entre los funcionarios internacionales y los empleados locales, en especial en Ginebra, ciudad que alberga 43 agencias y programas de la ONU. Las reacciones no se hicieron esperar: reuniones internas canceladas, movilizaciones espontáneas, peticiones y, sobre todo, un ambiente calificado de “mortífero” en organismos clave como la Organización Mundial de la Salud (...)


