Doctor en Filología por la Universidad de Córdoba, Felipe Muriel ha dedicado ocho años a la composición de este libro, cuyo propósito bascula entre el estudio de la tradición experimental y la fijación en su órbita de la obra de Eduardo Scala (Madrid, 1945). Durante 25 años, señala Muriel, la producción scaliana ha permanecido semioculta, ajena a las refriegas literarias entre estratos canonizados y por canonizar, al margen de cualquier grupo o movimiento, distantemente próxima, si acaso, al renovador ensayo de convergencia entre estética y mística propuesto por Valente. “Scala decide que escribir ha de equivaler a permanecer mudo”, observaba en 1993 Ignacio Gómez de Liaño en relación a un proyecto cuya potencia ha madurado precisamente en el silencio.
Sólo tras la edición en Siruela del volumen recopilatorio Poesía (1974-1999), comienza a abandonar su carácter secreto el trabajo de este explorador de las conexiones entre arte y religión, en cuya poética (...)


