No hay tantos poetas viajeros. Y de ellos, ninguno tan sensible y sublime como María Fernanda Espinosa. Recorriendo las “geografías torturadas” del planeta –de Kuala Lumpur a Bangkok, de Moca a Juchitán, de Nueva York a Granada, de Haití a Macedonia- sus ojos ven lo que otros no sienten. El pavor y el embeleso, la recondita harmonía y los destrozos de las guerras. Con mirada de antropóloga perfecta y palabras de diosa herida. Con ecos palimpsestos de mil escritores: de Soyinka en Sudáfrica, de Borges en Ginebra, de Bob Marley en Jamaica, de Duras en Hiroshima y de Rimbaud en Etiopía. No es poesía gratuita extraviada en extravagantes estetismos, pero sí poemas de combate y de denuncia con la gracia de la más alta exigencia artística.
Peregrinaciones de una poetisa por los senderos-cicatrices de la historia, abierta al dolor de los hombres y a las infinitas bellezas del mundo. Palabras como (...)


