George Steiner es un crítico apasionado. Puede ser hostil hacia movimientos culturales, pensadores y artistas. Como señala Robert Boyers en el prólogo de estos ensayos aparecidos en The New Yorker (1967-1997), responsable de la antología, Steiner genera ideas estimulantes. Michel Foucault leyó una reseña de Steiner, se indignó y lo desafió: “Steiner no solo reinventa lo que lee (en referencia a Las palabras y las cosas) sino que también inventa aquello a lo que hace objeciones, inventa las obras con las que compara el libro, e incluso inventa las propias obras del autor. Es una pena para el señor Steiner que el genial Borges inventara la crítica-ficción” (Foucault, Las monstruosidades de la crítica, 1971).
Nos adentramos en los ensayos con el optimismo sincero que comunica Steiner. La sinceridad puede ser intrépida y casi siempre arriesgada. Preguntado por el tema de la inmigración en Europa, Steiner dijo recientemente a un (...)


