
¿Cómo es posible que un activista del movimiento neonazi lionés, totalmente implicado en sus acciones y que publicó en X mensajes como “Yo apoyo a Adolf”, “Habría que desenterrar y fusilar a [Giséle] Halimi” o “Total Nigger Death” (‘muerte total a los negros’), haya merecido un minuto de silencio en la Asamblea Nacional y que se cuelgue su retrato en la fachada de la sede del Consejo Regional de Auvernia-Ródano-Alpes? Es una de las preguntas que han surgido tras la muerte de Quentin Deranque el pasado 14 de febrero de 2026, durante un enfrentamiento con antifascistas.
En una inversión lingüística digna de 1984, de George Orwell, hay quien afirma (por ejemplo, el semanario Marianne, el 19 de febrero de 2026) que donde se encuentra hoy el fascismo es en la izquierda. Otros, más numerosos, equiparan a los “ultras” de ambos bandos y explican que su violencia está de más en democracia. (...)


