Visité a Nicholson Baker a mediados de los 90 en su casa, cerca de Nueva York, y el recuerdo no es agradable. El tipo estaba sentado en una butaca desvencijada y se cubría las piernas con una manta. No era un viejo pero aparentaba una vejez prematura. Estaba, dijo, cansado y aburrido. En realidad estaba harto de dos cosas: de una soriasis que le cubría la cabeza y el cuello de manchas rojas, y de sus vecinos puritanos que habían colgado un aviso en la entrada del pueblo con insultos y amenazas: “¡Guarro, corruptor de menores, pornógrafo, ¡lárgate de aquí!”
Hablamos del éxito de una de sus novelas más eróticas –Vox– deudora de Henry Miller tanto como de Nabokov, y de sus proyectos inmediatos.
Ahora se publica en España La casa de los agujeros, subtitulada “una novela gamberra”, algo que sin duda es si por gamberrismo entendemos un derroche (...)


