El 10 de diciembre, Elfriede Jelinek será la primera austríaca y la décima escritora en recibir el premio Nobel de literatura. Del linaje de polemistas como Karl Kraus o Thomas Bernhard, Jelinek pone el dedo en las llagas de su país –que niega su pasado, con la conciencia tranquila– a la vez que revela las relaciones de poder y de discriminación. Sistemáticamente puesta en la picota por los medios de comunicación y por la derecha liberal-conservadora austríaca, en ocasiones se ha retirado en un “exilio interior”, llegando a prohibir en algunos momentos (como en 2000) que sus obras fueran representadas en su país natal.
Durante la campaña electoral de 1995, el partido populista de Jörg Haider agitó en su contra a la opinión pública, difundiendo carteles donde se leía: “¿A usted le gusta Jelinek, o el arte y la cultura?”. Víctima de una caza de brujas como la que padeció en (...)


