“Si se cayó o lo tiraron, tal vez nadie tuvo ocasión de verlo. Pudo cometerse un crimen, pero quizás no hubo testigos. De haberlos, treinta años después, tampoco existe forma humana de dar con ellos”. Con estas palabras de Santiago Escalona, asistimos a la tercera entrega del subinspector barcelonés del Raval, después de portoagonizar Las cosas de la muerte y Mala sangre, ambas editadas por Tropismos.
Bajo el título Un mal día para morir, asistimos a la consolidación de la saga de un personaje de pura raza dentro del género negro. Nuevamente el dúo Empar Fernández y Pablo Bonell Goytisolo nos demuestran cómo se escribe una excelente historia a cuatro manos.
En esta ocasión, el peculiar investigador se enfrenta a un caso peliagudo y costoso: Garrido, su antiguo superior –con una enfermedad terminal –le pedirá que investigue un caso que quedó abierto hace muchos años: averiguar qué ocurrió con Alberto Boisgontier, un (...)


