Sabido es que en 1936 la guerra no llegó a Galicia; hubo represión. Tras el asesinato por sus compañeros del capitán general militar de A Coruña, Pita da Veiga, se abrió a las bandas fascistas la veda de comunistas, socialistas, gallegistas, masones, maestros y de todo aquel que no comulgara o no compartiese las ideas de los alzados. La gente de mi edad recuerda historias de paseíllos en la Costa da Sal, de cuerpos tirados por las cunetas de Cospeito, de familiares echados al monte de San Simón; otros, más jóvenes, como Rexina Vega, lo saben por sus padres y abuelos. En Cardume (bandada de peces), la escritora se impone la tarea de recoger la memoria familiar de modo bien distinto al expediente común de la forma novelada.
“Escribimos para cambiar nuestra existencia –decía Michel Butor–. Queda por saber si la novela es un buen instrumento para lograrlo”. Entre las numerosas (...)


