La novela póstuma y recién publicada de Rafael Chirbes (1949-2015) podría leerse empezando por el final. No sería una excentricidad hacerlo así. Tampoco un experimento, una provocación o un capricho del lector, en este momento yo. Sería una demostración de que invertir el orden natural de la buena escritura no afecta a la trama de un libro, pues el lenguaje potente, desnudo y directo utilizado a lo largo del texto es superior al argumento en este caso en absoluto novedoso: la historia de una relación homosexual.
Valorar más la prosa invisible del escritor que el argumento propuesto, con sus frases y descripciones impermeabilizadas contra tópicos y modas pasajeras, permite al autor del drama no convertirlo en melodrama al estilo hollywoodiense (Filadelfia). Es una confirmación rotunda de la opción literaria y estética de Chirbes. El realismo de Paris-Austerlitz es extremo pero no forzado. Facilita una lectura uniforme y firme y, (...)


