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Ecología

Politizar la bifurcación

por Franck Poupeau, julio de 2025

“Nuestras secesiones y deserciones nos encastillan por momentos en una contracultura abrasiva, pero desconectada de todo arraigo popular.” Con Premières secousses (‘Primeros temblores’), el colectivo ecologista Les Soulèvements de la Terre traza un balance provisional de las acciones ya emprendidas —“acciones directas de masas”— contra las grandes infraestructuras inútiles, luchas contra el hormigón y la agroindustria, entre otras (1). Asumiendo el “rebrote de conflictividad” de los últimos años, este movimiento, cuyo objetivo actual es “recuperar las tierras”, se plantea ahora, más allá de la apuesta por las luchas locales, inventar una organización transversal capaz de evitar la dispersión y de abrir el camino, especialmente a nivel internacional, a acciones políticas orientadas hacia la “constitución progresiva de estructuras materiales, políticas o de comunicación”. Cabría lamentar que la organización aquí solo se conciba en términos políticos y no concrete los medios para alcanzar una sociedad menos destructiva —si el objetivo es captar la atención más allá de los colectivos militantes.

Si no se quiere uno limitar a la sobriedad despolitizada de los pequeños gestos individuales, ¿cómo reconstruir lo que habría que atreverse a llamar un tipo alternativo de organización social? Geneviève Pruvost, socióloga comprometida en el corazón de las luchas ecologistas, ofrece una pista con La Subsistance au quotidien (‘La subsistencia en lo cotidiano’) (2). El libro es fruto de una investigación de una decena de años llevada a cabo en el seno de una unidad doméstica situada en un paisaje de setos, donde se han instalado viviendas “ligeras” (no conectadas a las redes de agua y electricidad). Aquí toma forma una “alternativa rural” que no se constituye como un movimiento institucionalizado, sino como un proyecto político en la cotidianeidad, encarnado en un modo de vida. Si bien destaca el alto nivel organizativo de ese sistema de autoconsumo, la autora no oculta que “esta parcela de vida alternativa puede parecer poca cosa frente al reto vital de una recuperación masiva de las tierras”. Esta ha sido la objeción tradicional contra las comunas autónomas, desde las “utopías americanas” de Ronald Creagh hasta las “zonas a defender” (ZAD) de la izquierda libertaria.

Pero, en contra de los estereotipos sobre los “neorrurales”, Pruvost señala que este tipo de iniciativas no es cosa de un destilado de clases medias con estudios superiores y profesiones intelectuales —herederos o en vías de desclasamiento—: también moviliza a “hijos de pequeños agricultores, mecánicos, carteros y ferroviarios”. Sobre todo, y ahí radica la especial riqueza de la obra, una minuciosa etnocontabilidad, gracias a un diario de campo de nueve días en el que se registran sistemáticamente todos los trabajos y todos los gastos, demuestra que este modelo tiene como pilares la limitación del consumo, la invención de otros criterios de confort y la primacía concedida a las actividades de subsistencia. Lo que sustenta esta reconfiguración de los estilos de vida no es una socialización orientada hacia la contracultura política, sino más bien determinadas capacidades científicas, técnicas o manuales, prácticas asociativas previas —incluso religiosas— y experiencias de viaje, sobre todo por países del Sur.

La autora pone el foco, por último, en las estrategias de asentamiento que permiten crear una red de lugares interdependientes. El esmero puesto en buscar la adaptación concreta y material de las técnicas y espacios de vida otorga, según la autora, una auténtica credibilidad política a esta práctica colectiva de la sobriedad. Y esto abarca el tema de la pluriactividad, propia de la figura ideal del “campesino-artesano”, y característica de “las unidades domésticas funcionales de las sociedades premodernas”. La transformación de las estructuras de producción y reproducción que se necesita para ecologizar las sociedades contemporáneas es de tal magnitud que amenaza seriamente con “desesperar” a la ecología ordinaria…

Queda pendiente, sin embargo, la cuestión de una posible generalización. Para ello, tal vez haya que ampliar la definición de la ecología adoptada por Les Soulèvements de la Terre: no limitarse a la defensa “de las tierras, del agua y de mundos habitables”, sino también abrir el debate sobre las fórmulas que permitan construir ese “mundo por venir”, que no siempre es una opción al alcance de todos.

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(1) Les Soulèvements de la terre, Premières Secousses, La Fabrique, París, 2024, 296 páginas, 15 euros.

(2) Geneviève Pruvost, La Subsistance au quotidien. Conter ce qui compte, La Découverte, París, 2024, 492 páginas, 28 euros.

Franck Poupeau

Sociólogo. Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS), París.