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Bernard Cassen, el artesano de la independencia de ‘Le Monde diplomatique’

Bernard Cassen fue durante 34 años miembro de la redacción de Le Monde diplomatique y a lo largo de 11 años (de febrero de 1996 a diciembre de 2007) ocupó el cargo de director general de Le Monde diplomatique S.A. Falleció en París el 12 de junio de 2025, a la edad de 87 años.

por Ignacio Ramonet, julio de 2025

Era todo ímpetu, firmeza y compromiso. Haría falta un libro entero para dar cuenta de las apasionantes facetas políticas, académicas y mediáticas de su extraordinaria personalidad. Conocí a Bernard Cassen a principios de la década de 1970, en el entorno de Claude Julien, que acababa de ser elegido para ponerse a la cabeza de Le Monde diplomatique y se disponía a emprender una auténtica refundación. Con ese fin, empezó a crearse, en compañía de Micheline Paunet, una especie de círculo cercano de académicos amigos, de los que yo formaba parte junto con Christian De Brie, Pierre Dommergues y Cassen.

Bernard había conocido a Claude Julien en 1967. En calidad de jefe del servicio exterior de Le Monde, este último también había creado, aquel mismo año, el suplemento Le Monde des livres (‘el mundo de los libros’) integrado en la publicación. Su propósito era informar sobre “la literatura en el extranjero”, y para ello pidió tanto la colaboración de críticos locales como, sobre todo, de profesores universitarios franceses especializados en la lengua y literatura de los diversos países. Bernard Cassen se ocupaba del Reino Unido e Irlanda. Solo una relectura de sus excelentes textos sobre James Joyce, Sean O’Casey o Flann O’Brien permite apreciar la vastedad de su cultura literaria, su extraordinaria fineza de análisis y su enorme sensibilidad poética.

Bernard era partidario de extender su compromiso a varios frentes: cofundador de la Universidad de Vincennes, director entre 1981 y 1985 de la Misión Interministerial de Información Científica y Técnica (Midist, por sus siglas en francés) del Ministerio de Investigación y Tecnología, secretario general de la Casa de América Latina en Francia, creador de la Asociación por la Tributación de las Transacciones Financieras y la Acción Ciudadana (Attac), así como del Foro Social Mundial, defensor del “no” en el referéndum sobre el Tratado Constitucional Europeo (TCE) de mayo de 2005… El espacio de este texto no me permite ser exhaustivo.

Juntos llevamos a cabo varios proyectos dentro y en la órbita de Le Monde diplomatique. En 1990, cuando fui elegido director, decidí seguir adelante con la idea de Claude Julien de conseguir la autonomía para nuestro mensual. Por entonces, no era sino una especie de suplemento de Le Monde. Queríamos ser editados por nuestra propia sociedad, Le Monde diplomatique S. A., de la cual Le Monde S. A. poseería una mayoría del capital, aunque nosotros (la redacción y los lectores) deseábamos conservar una minoría de bloqueo.

Jean-Marie Colombani, candidato a dirigir Le Monde en 1994, prometió que, de ser elegido, satisfaría nuestros deseos. Y cumplió su palabra. Aún debíamos hallar los recursos financieros precisos para adquirir el 49% de las participaciones en el capital. Solicitamos una donación a los lectores, que respondieron con enorme generosidad. Sin embargo, la redacción, carente de liquidez, corría el riesgo de quedarse sin participaciones en la nueva sociedad.

Fue entonces cuando recibimos una ayuda providencial en forma de carta procedente de la lejana ciudad boliviana de Santa Cruz y firmada por un tal Gunter Holzman, admirador de nuestra publicación y que, sintiendo la proximidad de la muerte, nos ofrecía una jugosa suma para ayudarnos en nuestros proyectos. Tras varios titubeos, Bernard y yo viajamos a Bolivia. Gunter era la persona más formidable que hemos conocido jamás. Era un combatiente antifascista de origen alemán que había sido expulsado de su país en la década de 1930 a causa de la lucha que, a riesgo de su vida, había mantenido contra el antisemitismo nazi. También era un gran admirador de la Revolución cubana. Nos confirmó su voluntad de ayudarnos.

Desde entonces, Bernard hizo gala de su notable creatividad en materia de organización administrativa para levantar una estructura jurídica que garantizara la defensa, a largo plazo, de los intereses de la redacción y los lectores del “Diplo”, reunidos en la asociación Les Amis du Monde diplomatique (‘Los Amigos de Le Monde diplomatique’).

Nacido en 1937, en el seno de una familia modesta, Bernard siempre se mostró fiel a sus orígenes populares. Si logró escapar al determinismo social fue gracias a su excepcional inteligencia. Tras superar a muy temprana edad las oposiciones a profesor de inglés, hizo una carrera prodigiosa en el campo de la enseñanza hasta desempeñar —tras hacerse con un doctorado de Estado en civilización británica— los más eminentes cargos académicos. Un logro excepcional que hubiera colmado las expectativas de cualquiera, pero que Bernard juzgó insuficiente en su calidad de intelectual poseído por una quijotesca voluntad de desfacer entuertos, en especial los infligidos a los más humildes por los privilegiados y los acaudalados. Si un ideal caracterizaba los diversos compromisos de Bernard Cassen, no fue solo el de la lucha republicana por una sociedad igualitaria en la que reine la justicia social, sino también el del rechazo a dejar que las clases trabajadoras se vieran despojadas de los derechos que habían conquistado tras la dura lucha.

Su desaparición constituye una enorme pérdida que llena de un profundo pesar a todos sus amigos, a sus compañeros y el corazón de los miembros del equipo de Le Monde diplomatique. Que su esposa Dominique y sus hijas Marianne, Chloé y Lorraine reciban a través de estas líneas la expresión de nuestra amistad y solidaridad.

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Ignacio Ramonet

Director de Le Monde diplomatique en español.