Desde el cielo, una alineación de piedras blancas llama la atención. Una vez en tierra, en Nessadiou, tras cruzar un portal verde coronado por una media luna y una estrella roja por el que se accede al “cementerio de los árabes”, vemos que las estelas no tienen ni nombre, ni fecha. Aquí yacen prisioneros argelinos. Son parte de los 30.000 presos que Francia envió entre 1864 y 1897 a este archipiélago del Pacífico transformado en colonia penitenciaria. La isla de Nou —actualmente un barrio de Numea llamado Nouville— fue su centro. Allí se erigían, “como si de féretros se tratara, los edificios alargados del campo central”, contaba el periodista Jacques Dhur. Allí sufrieron humillaciones, rigores, violencia y desprecio.
Algunos de los prisioneros condenados a trabajos forzados eran cabileños, árabes, nómadas, chaouis; en total, 2106 “árabes”, según la nomenclatura oficial. Entre ellos, 121 presos políticos deportados, 1822 presos comunes “transportados” y 163 (...)


