Doce años después de la operación Serval, puesta en marcha por Francia para detener el avance de los grupos yihadistas en Malí, el Sahel padece una situación de inseguridad creciente. Ni los 5100 soldados movilizados por París y sus aliados durante la operación Barkhane (2014-2022), ni los 13.000 cascos azules enviados por las Naciones Unidas, ni las cuatro misiones de la Unión Europea desplegadas desde 2014 han logrado poner coto a la violencia armada, cuya letalidad va en aumento. En la actualidad, la región se está viendo sacudida por crisis repetidas que superan las fronteras nacionales. Una ola de golpes de Estado (en Malí, Burkina Faso y Níger) ha aupado al poder a unas juntas militares tan solidarias entre sí como ineficaces en la lucha contra la inseguridad, pese a sus promesas iniciales de restaurar la paz y la autoridad del Estado.
A principios de julio de 2025, el Grupo de (...)






