La pausa del mediodía llega a su fin. Una decena de empleados de la fábrica de Weitkowitz en Peine, una ciudad de 50.000 habitantes en el norte de Alemania, fuman bajo una marquesina. Esta filial de un grupo con sede en el italiano Tirol del Sur fabrica terminales de cables para la industria automovilística, ferroviaria y eólica. Acaba de concluir el comité de empresa semanal. Esta estructura de concertación entre empleados y empleadores es uno de los pilares de la cogestión empresarial a la alemana. Aquí lleva existiendo solo desde 2022, gracias a la batalla que han presentado los sindicatos.
Estos siguen saboreando su primera victoria, lograda a principios de año tras unas negociaciones arduas, pero que al final se desarrollaron en ausencia de huelgas: sustanciales aumentos de sueldo gracias a un convenio de empresa que recupera los baremos del convenio colectivo de la industria metalúrgica y eléctrica. Para algunos empleados, (...)


