Jordi Doce (Gijón, 1967) es un poeta atípico, que ha optado por trabajar fuera de las camarillas y se ha labrado su propia reputación, sin mendigar la audiencia sobrante de ningún movimiento, sin venderse a ese lector que prefiere una poesía que sólo corrobora su propio punto de vista, aparentemente liberal. Destacan la amplitud de sus preocupaciones, la pasión y compasión de su inteligencia, el poder experimental de su oficio. Su poesía nos invita a aprender nuevas formas de ver y cuestionar nuestras suposiciones sobre el arte.
Sostiene Doce en el epílogo a sus poemas escogidos: “Toda escritura, en sentido estricto, es ocasional, aunque el poema, para serlo, deba trascender su ocasión; solo así podrá habitar el presente perpetuo de la lectura”. En la antología Nada se pierde, el asturiano asume sus responsabilidades cívicas y culturales: “La lengua de la guerra ha dejado de servirnos” (“Manual de instrucciones…”). Baja a la (...)


