Portada del sitio > Mensual > 2022 > 2022/05 > Fraude alimentario

Fraude alimentario

por Benoît Bréville, mayo de 2022

En el siglo XVIII, los carniceros sin demasiados escrúpulos llenaban de aire la carcasa de sus animales para aumentar su volumen. Maquillaban la carne grisácea con colorantes que, como la cochinilla, le devolvían su rojo natural. Manipulaban las salchichas añadiéndoles carroña. Los panaderos, por su parte, mezclaban toda clase de cosas en la harina del pan: yeso, tiza, arena, talco, fécula de patata… Aunque se controlaban poco, esas prácticas eran severamente reprimidas. Cuando se los atrapaba, los falsificadores de pan podían ser ahorcados.

Tres siglos después, las multinacionales de los alimentos en bandeja agrandan sus pechugas de pollo inyectándoles agua. A fin de que retengan el líquido durante la cocción, agregan polifosfatos, un aditivo “estabilizante” que fija el agua en las proteínas. En cuanto a los industriales de la charcutería, introducen nitrito de sodio en el jamón para darle un apetecible tinte rosado. Estos procedimientos son legales. El fabricante solo tiene (...)

Este artículo está reservado a suscriptores.

Si usted es suscriptor, introduzca sus datos a continuación para continuar con la lectura.


¿Todavía no es suscriptor?

Elija su fórmula de suscripción y cree su cuenta.

NECESITAMOS TU APOYO

La prensa libre e independiente está amenazada, es importante para la sociedad garantizar su permanencia y la difusión de sus ideas.

Artículo anterior

La Viena Roja

En este número

Todo el sumario