La fotografía española, en el ambiente de canguelo, quebranto y zafiedad que impregnaba la España de los años 1950, era también miedosa, triste y chabacana. Apenas se podían localizar con claridad unos pocos registros: por una parte, la fotografía de prensa, gris y oficialista; por otra, la fotografía comercial, ya despojada de influencias vanguardistas; y finalmente un arte fotográfico sumiso a los dictados del salonismo, que producía una fotografía dominada por torpes adictos al pictorialismo decimonónico, impulsores de agrupaciones fotográficas y de concursos de fotografía.
En ese ceniciento contexto surgió, a mediados de la década, un foco de resistencia fotográfica denominado Grupo AFAL –siglas de Agrupación Fotográfica Almeriense– que reunió a una heterogénea selección de fotógrafos de toda España, buscadores de una alternativa más libre y creativa a los estrechos límites de la fotografía vigente.
Tomando como referencia proyectos fotográficos europeos y norteamericanos, como la célebre muestra de fotografía humanista “The (...)


