Extrañamente conmovedor sería el sentimiento que al final de una historia de amor (subtítulo de la novela) experimenta el lector después de oscilar entre distintos y contradictorios estados de ánimo.
Una japonesa todavía joven teme enamorarse de un anciano maestro nipón que la dobla en años y experiencias, pero a ambos los une una pulsión oral que les dificulta sobrepasar esa fase, pues el relato avanza muy ágil en virtud no sólo del arte narrativo de la autora sino también de la detallada e ininterrumpida ingesta de alimentos exquisitos y exóticos de la cocina japonesa.
El lector no necesita palillos para devorar este libro que encima destila licor de arroz, del que los protagonistas consumen grandes cantidades casi siempre en la misma taberna. Y la pareja sale más airosa cuando están ebrios –sobre todo ella- que cuando están sobrios.
Detrás de las máscaras del profesor, a quien abandonó su esposa, (...)


