Devuelto al mundo a sus 86 años, diez años después de haber merecido el premio Nobel, José Saramago publica lo que él denomina un “cuento largo”, partiendo de un fondo más bien superficial: a mediados del siglo XVI, el rey Juan III de Portugal regaló a su primo, el archiduque Maximiliano de Austria, un desdichado parquidermo que hubo de recorrer a pie la distancia entre Lisboa y Viena.
Sin más incentivos para soltar la imaginación, el gran novelista portugués elabora una parábola implacable sobre la condición humana, como hiciera en Ensayo sobre la ceguera o La Balsa de piedra, haciéndonos reflexionar sobre el azar que rige nuestra vida y nuestro destino.
En este nuevo relato prolonga el tono narrativo y poético con una sintaxis muy particular, agudizada tras una enfermedad que lo llevó al borde de la muerte. Seguro que, desde aquel momento, el escritor pudo recuperar palabras y sedimentos de su (...)


