Así como la naturaleza le tiene horror al vacío, Israel parece odiar la incertidumbre que acompaña a las transiciones políticas en sus países vecinos… A menos que se puedan explotar en beneficio propio. Antes incluso de que se extendiera la noticia de la huida de Bachar el Asad, en la mañana del 8 de diciembre, Tel Aviv ya se había apresurado a avanzar sus peones en Siria.
La demostración de fuerza cobró, primero, la forma de un despliegue del Ejército israelí en la zona desmilitarizada puesta bajo la supervisión del millar de cascos azules de la Fuerza de las Naciones Unidas de Observación de la Separación (FNUOS) en los Altos del Golán. Esta zona colchón de unos 80 kilómetros de largo fue instaurada en un alto el fuego decretado en 1974, seis meses después de que Siria intentara —sin éxito— recuperar el Golán, un territorio cuyos dos tercios (1250 kilómetros cuadrados) (...)


