Leía una entrevista con un pensador actual sobre la crisis a la vez que continuaba las Memorias de una Madame americana. Los dos hablaban de lo mismo; del no conocer a nadie en política que no quisiera poder, dinero o el derecho de mangonear a la gente. El uno desde el análisis crítico y la Madame con lo que impregna sus memorias y que no es otra cosa que el Sentido Común, hoy en desuso. Aquel Sentido Común que convirtió su profesión de puta en un quehacer aplicado, digno como cualquier oficio integrado en la sociedad y con ánimo de satisfacer al otro.
No es aconsejable buscar un entretenimiento para puteros en la narración de Goldie, nombre de acción de la Madame. Para una mujer que las palabras bien y mal, respetable y no respetable nunca significaron gran cosa, sus descripciones son las de alguien que supo observar hondamente y, aunque (...)


