Contrariamente a lo que nos gustaría creer, no existe un colectivo desprovisto de estructura. Sea cual sea su naturaleza, los grupos humanos terminan siempre estructurándose. Su organización puede revelarse más o menos flexible, variar con el tiempo y distribuir las tareas, los recursos y el poder de manera más o menos igualitaria. Pero la organización se cimenta independientemente de las competencias, de la personalidad o de las intenciones de las personas implicadas: se trata de un fenómeno inevitable desde el momento en que somos individuos con talentos, predisposiciones y recorridos múltiples. La ausencia de estructura requeriría que rechazásemos entrar en contacto los unos con los otros; un sinsentido para los grupos humanos.
La esperanza de crear grupos desprovistos de estructura se parece a la de disponer de una información objetiva (…) o la de evolucionar en una economía libre; la idea de un grupo que funcione sobre la base del “dejar (...)



