Portada del sitio > Mensual > 2025 > 2025/03 > Inventiva e inseguridad lingüística en Acadia

El engañoso bilingüismo oficial de Canadá

Inventiva e inseguridad lingüística en Acadia

por Philippe Descamps, marzo de 2025

En la terraza del centro cultural Aberdeen de Moncton, dos amigas de la infancia se reúnen para cenar. Palabras e idiomas se entremezclan. Es algo que los acadianos del sur de Nuevo Brunswick designan como chiac, un habla popular de la que el escritor Gérald Leblanc hizo bandera: “Meteremos en la lengua las palabras recogidas al andar” (1). Ambas estudiaron en escuelas francesas. Una es jurista, la otra abogada. Trabajan en el sector de los seguros y se enfrentan a menudo en los tribunales. “Desgraciadamente, pasamos de un idioma a otro —se lamenta Elsa C. con tono de culpa—. Cuando mis hijos me hablan en inglés, los corrijo. Y eso que, para mí, resultaría más fácil”. Caroline T., en cambio, se siente más cómoda en francés. Trabaja rodeada de francófonos. Pero cuando el único anglófono del equipo asiste a una reunión, esta se lleva a cabo en su idioma.

Desde la adopción de su propia ley de lenguas oficiales en 1969, Nuevo Brunswick es la única provincia oficialmente bilingüe de Canadá. Allí se concentra la mayor parte de la comunidad acadiana, establecida desde hace cuatro siglos en la región atlántica, que también incluye Nueva Escocia y la Isla del Príncipe Eduardo. Fuera de Quebec, esta sigue siendo la comunidad francófona más vigorosa, aunque también la más marcada por la dominación inglesa, especialmente desde la tragedia de la deportación (1755-1763), un acontecimiento fundacional en el imaginario social acadiano relatado con brio por la escritora Antonine Maillet (2). Según el último censo de 2021, 320.000 residentes de la provincia afirmaban poder mantener una conversación en francés, es decir, el 41% de la población, idéntica proporción que en 1991. Ahora bien: solo el 30,4% de los residentes hablaba francés con regularidad en casa, o sea, 232.000 personas, entre ellas 60.000 monolingües francófonos.

Pese a las conquistas políticas y jurídicas, pervive el miedo a desaparecer, según Ali Chaisson, director de la Société de l’Acadie du Nouveau-Brunswick, cuya sede se encuentra simbólicamente en los sótanos de la catedral de Moncton: “Se han aplacado los ánimos. Se han dado a la gente suficientes recursos para desarrollarse un poco, pero no para prosperar. Prueba de ello es que, cincuenta años después, sigue habiendo asimilación”. En 1990, el escritor Yves Beauchemin utilizó la expresión “cadáveres aún calientes” para describir a las minorías francófonas canadienses que viven fuera de Quebec. “La ley sobre las lenguas oficiales nos ha dado instituciones. Nos ha permitido ser cadáveres un poco más calientes que fríos —retoma Ali Chaisson—. Pero no mucho más”.

“Las palabras que usamos marcan una forma de distinción social que la gente percibe de inmediato —explica Annette Bourdeau, catedrática emérita de la Universidad de Moncton, quien ha dedicado su vida a estudiar el tema de la inseguridad lingüística—. Me di cuenta de que los francófonos, especialmente cuando son minoría, no toman la palabra en clase, aunque su desempeño escrito sea muy bueno. Pasan cosas en la trastienda”. Según ella, “la ideología del bilingüismo” oculta sus usos políticos, por el hecho de que esta diglosia sigue siendo conflictiva: “Las personas bilingües son las que hablan la lengua dominada o minoritaria, y esas mismas personas suelen experimentar sentimientos de inseguridad lingüística por las representaciones que circulan sobre sus prácticas en los discursos de autoridad…” (3).

“Incluso cuando se habla el otro idioma, algunas cosas siguen siendo difíciles de comprender en determinadas circunstancias, como en temas de salud, trámites administrativos o interacciones con la policía —explica Shirley MacLean, comisionada para lenguas oficiales de Nuevo Brunswick—. Que les brinden servicios en su idioma es un derecho de estas personas y una cuestión de respeto”. Designada por el parlamento provincial e independiente del Gobierno, MacLean elabora un informe anual sobre la situación lingüística e instruye las denuncias cuando alguien no ha podido recibir una “oferta activa de servicio” en una de las dos lenguas oficiales. “Cada denuncia es solo una pequeña parte de lo que ocurre en la vida real —añade—. Debemos seguir trabajando en soluciones concretas, por ejemplo, poner el foco en la inmigración. Pero, en mi opinión, un tema pendiente también es alentar a los francófonos a que usen su propio idioma”.

“En Nuevo Brunswick, estamos mucho menos afectados por la asimilación que en otras provincias, porque hay concentraciones muy fuertes”, explica Michelle Landry, catedrática de sociología en la Universidad de Moncton, titular de la cátedra sobre las minorías francófonas canadienses. En 67 municipios del norte y este de la provincia, los francófonos son al menos el 80% de la población. Cuanto más cerca se está de la península acadiana, más se nota esta presencia en el paisaje. Las élites anglófonas de antaño han dejado la región. Miles de banderas acadianas, directamente inspiradas en la bandera francesa (tricolor con una estrella mariana en la franja azul), ondean al viento o están pintadas en casas, techos, barcos, faros…

Al oeste de esta península, corazón vivo de la Acadia actual, un complejo turístico, el Village Historique Acadien, contribuye a transmitir la memoria de un modo de vida rural, de una cultura, pero también de una lucha. Unas cuarenta edificaciones, trasplantadas o reconstruidas con esmero, cobran vida de la mano de animadores muy capacitados. En la imprenta del Moniteur acadien, por ejemplo, se explica el papel de este periódico en la preservación de la lengua francesa en el siglo XIX. Fue incendiado tres veces, señal de difícil convivencia. Hoy en día, el único diario local, Acadie nouvelle, ¡se publica en francés!

“Es un lugar que realmente muestra cómo vivían nuestros antepasados”, cuenta Justin Sonier, de 16 años y estudiante de 11.º curso en la escuela Carrefour-Beausoleil de Miramichi. En esta localidad donde los francófonos son minoría, el establecimiento, anexo al centro comunitario, desempeña un papel fundamental. “Nosotros tenemos una ventaja sobre otras personas que solo conocen un idioma: oportunidades de becas, viajes, empleos”, se alegra Justin. La directora adjunta, Mélanie Vautour, celebra el creciente número de matrículas: “En un contexto minoritario, lo importante es transmitir orgullo, que los alumnos se sientan cómodos —explica—. Conocemos bien a los padres y a los alumnos. La dimensión familiar cuenta mucho”.

“Dar estatus a la lengua francesa conlleva otras medidas —añade Michelle Landry—. Pero si miro atrás en la historia, las escuelas francófonas han sido decisivas para mantener la comunidad lingüística. No soy pesimista, pero la obligación actual de los políticos es velar por más equidad en el tema de la inmigración”. Los acadianos reclaman mayor proporción de francófonos entre los inmigrantes, equivalente a la del conjunto de la población.

La Universidad de Moncton ya atrae a muchos extranjeros de habla francesa. En la vecina ciudad de Dieppe, que hace alarde de su bilingüismo, también se afirma la presencia de los francófonos. Los artistas, por su parte, han sabido sacudirse las normas. “Me emociona escucharlos —confiesa Annette Bourdeau—. Ahora en Montreal se celebra a poetas y cantantes. Hay una apertura que antes no se veía. En Moncton, la escena cultural francófona es mucho más importante que la anglófona”.

La compañía de teatro Satellite es buen ejemplo de esta vitalidad. Su director, Marc-André Charron, afirma que el deseo de arraigar la creación en una comunidad no le quita proyección: “Lo importante que debemos inculcar a nuestros jóvenes no es la pureza, sino la precisión del lenguaje. Los acentos no importan. No creo que la hegemonía cultural angloamericana sea suficiente para que un joven le dé la espalda al francés. Lo que cuenta no es la lengua, sino la calidad de la producción artística y la inventiva”.

NECESITAMOS TU APOYO

La prensa libre e independiente está amenazada, es importante para la sociedad garantizar su permanencia y la difusión de sus ideas.

(1) Gérald Leblanc, Éloge du chiac, Éditions Perce-Neige, Moncton, 2015.

(2) Antonine Maillet, Pélagie-la-Charrette, Grasset, París, 1979; Michelle Landry, Dominique Pepin-Filion y Julien Massicotte (dirs.), L’état de l’Acadie, Del Busso éditeur, Montreal, 2021.

(3) Cf. Annette Boudreau, Insécurité dans la francophonie, Presses de l’université d’Ottawa, 2023.

Philippe Descamps

Periodista.

En este número

Todo el sumario