“El Parlamento necesita un reset, bajar un poco revoluciones y volver al trabajo”. El pasado 6 de enero, el primer ministro canadiense Justin Trudeau anunció su dimisión, que se hará efectiva en marzo. Delante de su residencia de Ottawa, la capital federal, pronunció unas palabras en inglés, con perfecta soltura y sin apuntes, y luego las mismas en francés; dio una respuesta a los periodistas en francés y a continuación la misma en inglés, mostrando así un escrupuloso respeto a la igualdad entre las dos lenguas oficiales de este país de 40 millones de habitantes. Pero la semana siguiente bastó con la arrogancia de un cliente anglófono en un supermercado de Vaudreuil-Dorion para que ardieran las redes sociales. La prensa también se regodeó con la incapacidad de la gobernadora general (representante del rey Carlos III) Mary Simon para hablar francés durante una visita a Lévis, ciudad casi exclusivamente francófona.
Canadá lleva (...)



