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Deconstrucción de una história mítica

Cómo se inventó el pueblo judío

¿Constituyen los judíos un pueblo? Un historiador israelí da una nueva respuesta a esta vieja pregunta. Contrariamente a la idea preconcebida, la diáspora no nació de la expulsión de los hebreos de Palestina, sino de las conversiones sucesivas en el norte de África, en el sur de Europa y en Oriente Próximo. Esto hace tambalear uno de los pilares del pensamiento sionista, el que querría que los judíos fueran los descendientes del reino de David y no –¡Dios nos coja confesados!– los herederos de los guerreros beréberes o de los caballeros jazares.

por Shlomo Sand, noviembre de 2008

Todo israelí sabe, sin sombra de duda, que el pueblo judío existe desde que recibió la Torá en el Sinaí, y que es su descendiente directo y exclusivo. Está convencido de que este pueblo, que partió de Egipto, se estableció en la “tierra prometida”, donde se construyó el glorioso reino de David y Salomón, dividido luego en Judea e Israel. Del mismo modo, nadie ignora que vivió el exilio en dos oportunidades: tras la destrucción del Primer Templo, en el siglo VI a. C., y la del Segundo Templo en el año 70 d. C.

Siguió luego errante alrededor de dos mil años: sus tribulaciones lo condujeron a Yemen, Marruecos, España, Alemania, Polonia y hasta lo más recóndito de Rusia, pero siempre logró preservar los lazos de sangre entre sus comunidades alejadas. Así, su unicidad no se vio alterada. A finales del siglo XIX, maduraron las condiciones para su retorno a (...)

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