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Economía

Capitalismo autoritario y Estados privatizados

por Franck Poupeau, octubre de 2025

La democracia liberal supo, desde el siglo XIX, asentar su dominación ideológica jugando con la asimilación de la “libre elección” individual del votante a la del consumidor en un mercado supuestamente competitivo; al capitalismo contemporáneo, en cambio, este es un tema que ya le importa poco. Es más: su proyecto no es sino deshacer el vínculo establecido desde el final de la Segunda Guerra Mundial entre crecimiento económico y estabilidad social. Dos historiadores —Arnaud Orain y Quinn Slobodian— describen el trasfondo y las perspectivas de esta gran transformación. Ambos llegan a una misma conclusión: tanto el agotamiento del neoliberalismo como las exigencias del nuevo régimen de acumulación implican modos de organización económicos y políticos aún más autoritarios, apoyados en tres pilares: el control de los mares y de sus infraestructuras; la implantación de factorías económicas de nuevo cuño, importadas al Norte desde los antiguos territorios imperiales; y, por último, la instauración de lógicas rentistas fundadas no en la producción, sino en la apropiación de los recursos naturales y humanos, en detrimento de las normas que rigen los mercados competitivos.

El propósito de Slobodian es mostrar cómo la alteración del orden mundializado, con su proliferación de zonas económicas especiales, enclaves de almacenamiento, puertos francos, ciudades-Estado y paraísos fiscales, procede de una voluntad política de romper con las regulaciones instituidas y las imposiciones fiscales estatales para instaurar un tipo de sociedad cuyo modelo definitivo serían las “urbanizaciones cerradas” (gated communities): una especie de separatismo interconectado (1). Sigue el rastro de las utopías económico-políticas promovidas por los libertaristas radicales, inspiradas sucesivamente en Hong Kong o en Honduras en la década de 1970, en Sudáfrica durante la siguiente, en Singapur en la posterior y en Dubái desde los años 2000. En esos territorios exentos de las reglas comerciales comunes y amparados por regímenes no democráticos, las funciones soberanas del Estado quedan en manos de entidades privadas: el desmantelamiento de las antiguas soberanías políticas obra en beneficio de las lógicas rentistas.

Esta tendencia revela su alcance sistémico cuando se la reubica en perspectiva histórica, como muestra Orain en su libro dedicado a lo que llama un “capitalismo de la finitud”, centrado en la idea de un “mundo finito, acotado, limitado, que hay que acaparar a toda prisa”, utilizando todos los medios posibles para empobrecer a los demás (2). Describe esta “vasta empresa naval y territorial de monopolización de activos —tierras, minas, zonas marítimas, personas esclavizadas, almacenes, cables submarinos, satélites, datos digitales—, llevada a cabo por Estados nación y compañías privadas con el fin de generar ingresos de tipo rentista al margen del principio de competencia”. Esta forma de mercantilismo, preocupado por controlar los flujos económicos —que reinó en los siglos XVI y XVII, luego de 1880 a 1945, y nuevamente desde hace unos quince años— tuvo periódicamente como contrincante un capitalismo liberal deseoso de promover los mercados, de 1815 a 1880 y de 1945 a 2010.

El control de la organización espacial, iniciado con las factorías, los almacenes, los puertos y los ferrocarriles, se prolonga hoy con el “giro logístico” que da primacía a la plataforma frente a la planta, al almacenaje frente a la fabricación, al transporte frente a la producción. A riesgo de convertir el ideal del libre mercado en un edén de paz y prosperidad, estos dos ensayos muestran y analizan la consolidación de tendencias autoritarias necesarias para el funcionamiento del capitalismo global.

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(1) Quinn Slobodian, Le Capitalisme de l’apocalypse. Ou le rêve d’un monde sans démocratie, Seuil, París, 2025, 368 páginas, 25,50 euros.

(2) Arnaud Orain, Le Monde confisqué. Essai sur le capitalisme de la finitude (XVI-XXI siècle), Flammarion, París, 2025, 368 páginas, 23,90 euros.

Franck Poupeau

Sociólogo. Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS), París.

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