En una entrevista que le grabé tiempo atrás, el pintor Miguel Barceló murmuraba con dificultad y timidez las palabras, tal vez inexactas, que remitían a recuerdos quién sabe si en relación con la verdad; hechos o quimeras que entonces trataba de prolongar para distraerme: “De niño era rico de calles y plazas, de amigos, de iniciativas y de algunas atrocidades con los animales. Los perseguía y capturaba para plasmar en cuadernos escolares su proceso de putrefacción. Las imágenes que yo conservo de mi pasado salen de la garriga, de los litorales, donde pasaba la vida pescando. La oleada del turismo aun no había invadido mi pueblo. El tiempo estaba detenido en el siglo XIX. Luego empezaron a construir hoteles que degradaron la cultura, el entorno y la identidad de los pueblos. Como en todas partes”.
Nativos de Mallorca, ambos de la misma generación, Carme Riera y Miquel Barceló dejaron en (...)


