Tras treinta y cinco años de poder absoluto sobre la República Popular de Bulgaria, Todor Zhivkov, su principal dirigente, dimitió el 10 de noviembre de 1989, al día siguiente de la caída del Muro de Berlín. En menos de dos años, el aparato estatal comunista se desmoronó. El número de efectivos de las fuerzas policiales y el Ejército se redujo drásticamente, y el país quedó brutalmente expuesto a la inseguridad económica y física. El número de sentencias dictadas por los tribunales se dividió por tres en 1993, mientras que la tasa de criminalidad se duplicó, empujada por la explosión de los robos.
La demanda urgente de protección fue cubierta por una oferta abundante y a medida: expolicías y militares recién despedidos, así como muchos antiguos deportistas (boxeadores, luchadores, halterófilos) ahora huérfanos de un régimen que los mimara. La drástica reducción de las subvenciones públicas y el cierre de las instalaciones deportivas (...)


