Un puñado de mujiks desembarcaron en Auckland mucho antes de que Orson Welles hiciera aterrizar extraterrestres en Nueva York. Aunque, a finales del siglo XIX, Nueva Zelanda había ganado en autonomía política, seguía contando con el Reino Unido para garantizar su defensa. Pero el Ejército británico se cansó de enviar tropas contra los maoríes cuando los colonos violaron el Tratado de Waitangi. En 1870 abandonó el archipiélago. Para conseguir su regreso y romper su aislamiento de puesto avanzado británico, las autoridades locales optaron entonces por esgrimir la amenaza rusa.
Por aquel entonces, ningún buque del zar navegaba por el sur del Pacífico, pero los notables neozelandeses —algunos de ellos veteranos de la guerra de Crimea (1853-1856), como el gobernador sir James Fergusson— compartían una marcada rusofobia. Todo valía para asustar a la población y convencer a Londres de que enviara fuerzas navales. El 17 de febrero de 1873, el Daily Southern (...)


