Construir alojamiento para cien rinocerontes conlleva dos años de obras, beneficios para algunos y molestias para todos los vecinos que ni se quejan, ni se sorprenden. Se acepta locura como rutina. Los filósofos hablan de ciudades que se han convertido en el basurero de los problemas engendrados globalmente. Están llenas de patosos peligrosos y sus representantes electos deben enfrentarse a una tarea que de ninguna manera pueden asumir: la labor de buscar soluciones locales para las contradicciones globales. Sortear la estupidez es el único sendero de las bicicletas. El timbre resulta inofensivo y los gritos son inútiles, la crispación altera el estado de ánimo y los gestos obscenos despiertan la violencia. Todas y cada una de las mariposas tienen el derecho de reprochar la injusta actitud de rinocerontes, gusanos y responsables municipales…
Este libro es el cuaderno de pequeñas gestas cotidianas de un guerrillero amante de la bicicleta. El contenido de (...)


