La palabra “cultura” ingresó en el vocabulario moderno como una declaración de intenciones, como el nombre de una misión que aún era preciso emprender. El concepto era tanto un eslogan como una llamada a la acción. De la palabra cultura se infería un acuerdo planeado y esperado entre quienes poseían el conocimiento (o al menos estaban seguros de poseerlo) y los incultos…
La cultura ha perdido su rol misional: ya no busca ilustrar e iluminar al pueblo sino seducir al público. Inserta en la sociedad de consumo, su función no consiste en satisfacer las necesidades existentes sino en crear otras nuevas y, a la vez, garantizar la permanente insatisfacción de las que ya están afianzadas. La cultura actual se asemeja a una gran tienda cuyos estantes rebosan de bienes deseables que cambian a diario, en competencia por la atención insoportablemente fugaz y distraída de los potenciales clientes.
Zygmunt Bauman (Pozman, Polonia, 1925) (...)


