Cada vez que se agravan las tensiones dentro de la sociedad judía israelí y algunos ciudadanos se manifiestan contra un Gobierno de derecha o de ultraderecha —o contra el primer ministro Benjamín Netanyahu, que lleva desde 2009 en el poder casi sin interrupción—, muchos comentarios, tanto en Francia como en otros lugares, hablan de una oposición entre progresistas y conservadores, entre una centroizquierda ilustrada y una derecha reaccionaria, oscurantista, religiosa, fanática. Análisis previsibles, pero en gran medida engañosos.
¿Cómo explicar la gran movilización de la centroizquierda en 2023 en nombre de la democracia contra una reforma que limitaba los poderes del Tribunal Supremo mientras que, en 2018, la adopción de una ley que definía a Israel como Estado nación del pueblo judío —inscribiendo así en el derecho la supremacía étnica e invalidando toda pretensión democrática— no suscitara el surgimiento de ningún movimiento judío israelí poderoso que se sumara a la movilización (...)


