“Oímos las voces de los trabajadores franceses desde atrás de los barrotes de las cárceles en las que fueron confinados por el gobierno de los plutócratas franceses, que tienen miedo de su enorme ira y que tiemblan ante la llama que abrasa sus corazones. Nuestros oídos han escuchado el ruido de las olas del creciente mar de los trabajadores británicos, que se baten contra las rocas sobre las que se erige el fortín del capitalismo británico, ese estrangulador de los pueblos, ese bandido internacional, ¡ese destructor de la vida! Con una profunda alegría, escuchamos todo esto y crece en nosotros la convicción de que pronto llegará el día en que culminarán nuestros tormentos, en que nuestra lucha se unirá a la de ustedes.
Estamos convencidos de que ustedes no combaten sólo para su propia victoria, su propia liberación. [...]
Si ustedes se liberan dejándonos en la esclavitud y la servidumbre, rápidamente volverán (...)


