
- JOHANN LOUW. — Sin título, 2024
Vladímir Putin y Donald Trump comparten, ante todo, aversiones. Tanto uno como otro denuncian el “wokismo”, la cancel culture. Ambos deploran el relativismo, del cual la lucha de las personas trans —o los homosexuales, en el caso de Putin— vendría a ser tanto su culminación como su punta de lanza. La Unión Europea y su pretensión de encarnar los valores democráticos y liberales son concebidas como un absurdo que conviene neutralizar. Los dos reclaman un regreso a los valores tradicionales, a unas jerarquías “naturales” que juzgan “de sentido común”. Cada uno a su modo imagina a su país abriendo el camino a la regeneración de un Occidente que supuestamente se ha sumido en el nihilismo. Ambos se oponen a la democracia parlamentaria representativa, reivindican una autoridad carismática y cuestionan las restricciones (...)


