
- JURAJ FLOREK. — Foyer, 2020
L’Histoire de Souleymane, de Boris Lojkine, aborda la situación de un repartidor sin papeles (Cuerpo proletario). Au boulot (‘En el trabajo’), de Gilles Perret y François Ruffin, enfrenta a una burguesa llena de certezas con las mujeres que mantienen el país en pie a cambio de un salario mínimo (Acabar con la desigualdad salarial). El éxito en las salas de cine francesas de estos largometrajes, que han agitado a la derecha identitaria del Hexágono, sugiere una nueva toma de conciencia de las realidades del trabajo, de su precariedad y de sus peligros (Impunidad patronal). Pero cuando las autoridades públicas y la patronal exigen a la sociedad más esfuerzos para compensar el déficit —menos días de baja por enfermedad, más horas de trabajo gratuitas— y cuando la industria automovilística europea se tambalea (El silencio de las fábricas), el abismo se ensancha entre dos relaciones con el trabajo asalariado; entre quienes lo rehúyen (La fe de los conversos) o cuestionan su vocación (Darle sentido al trabajo, pero ¿cuál?) y muchos otros, que no ven en su trabajo más que una injusticia (Todo lo que nos separa).








