En algún momento de la vida pasamos por bajones, momentos depresivos que nos incitan a mandar todo al cuerno. Un astro fulgurante y juvenil de la poesía, Arthur Rimbaud, se eclipsó en plena gloria, reapareciendo años más tarde en Abisinia como negrero y tratante de armas. No es este el caso de Suso de Toro, pero en algo se le asemeja. Hastiado de “tener que acudir a saraos, cuchipandas, de hacer el payaso para llenar el puchero de garbanzos”, el Premio Nacional de Narrativa 2003 y de la Crítica 1994 anuncia que abandona la escritura para volver a la docencia en un instituto.
Antes de tomar tan drástica medida, De Toro quiso dejarnos Siete palabras, un texto híbrido y terapéutico, entre novela y autobiografía. Libro sobre sus orígenes, búsqueda de identidad centrada en un abuelo perdido, del que ni siquiera conocía su nombre aunque le debiera el apellido. Obsesionado con la (...)


