J. M. Coetzee (1940) es casi siempre más sabio y profundo que Paul Auster (1947), siendo este la chispa o detonante del pensamiento de aquél. Pero la correspondencia entre ambos escritores es como una partida de ajedrez que está reñida y acaba en tablas. ¿O acaso no hay que leerla como un juego amistoso para asombrar al lector? Saben que existe un lector cuando la inician. Y aunque redactan sus misivas (papel, sobre y sello) en un tono de intimidad y de sigilo, no debe haber engaño. ¿Pretenden deslumbrarse el uno al otro?
La correspondencia cubre tres años (2008-2011) pero los lectores desearíamos tener acceso a los diarios (si existen) tanto del premio Nobel sudafricano como del neoyorquino que tal vez algún día reciba el mismo trofeo, diarios en cuyas páginas revelarían por separado si estaban de verdad tan fascinados el uno por el otro.
Aquí y ahora ofrece temas muy diversos y (...)


