“¿De verdad están aquí los estadounidenses para proteger nuestra biodiversidad?”, pregunta, con ironía contenida, Jorge Vázquez. Naturalista experto, Vázquez reside desde hace seis años en la isla de San Cristóbal, en Ecuador. A lo largo de un sendero escarpado nos guía hacia la contemplación del inmutable espectáculo de este ecosistema protegido… no lejos de donde patrullan los guardacostas estadounidenses. Tras coronar la roca, el paseante alcanza un mirador natural que domina las aguas del Pacífico. Abajo, en esta zona más oriental de las Galápagos, nada altera el incesante desfile de lobos marinos ni el deambular de iguanas.
Convertido en parque nacional en 1959 y declarado patrimonio natural de la humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) en 1978, el archipiélago fue consagrado como reserva marina en 1998. Un “régimen especial” establecido en la Constitución ecuatoriana de 2008 impone allí estrictos controles (...)


