Ya tengo escrito que la gran literatura cubana de Alejo Carpentier o Virgilio Piñera se prolongaba con René Vázquez Díaz, nacido en Caibarien y residente en Estocolmo, cuando se publicó el citado artículo. Acababa de leer su entonces última novela La isla del cundeamor. Lejos estaban su tema y su escritura de la marea que nos inundaba (parece que va amainando), constituida por oleadillas de ron, sexo y anticastrismo confesional, pese a que sus autores se hubieran bañado hasta poco antes en las playas del sistema.
El cundeamor es una mata trepadora de flores amarillas que prolifera en la Isla. Entre la planta y la tierra se originan quimeras y ficciones, fuera de la realidad en que viven los soñadores.
Dos novelas anteriores de Vázquez Díaz abordaban estas fantasías (o pesadillas): La era imaginaria y La isla del cundeamor. Un amor que se nos va cierra la trilogía, mas no el empeño (...)


