Muy antigua es la tradición de enfrentarse a los problemas comunes a todos los hombres(es decir, los que con legitimidad pueden ser tildados de filosóficos) apelando a la modalidad de rigor que caracteriza al método geométrico. Pues bien, entre los problemas metafísicos por excelencia está aquel al que alude el Génesis en uno de los relatos mayormente configuradores de nuestra civilización: la serpiente doblega la prudencia de nuestros primeros ancestros con la promesa de plenitud que resultaría de consumir un fruto de un árbol ubicado junto al de la vida en el centro del Paraíso.
Resulta que la manzana encerraba una promesa de saber, y la moraleja del castigo y la vergüenza viene a indicar que saber, e incluso aspirar a ello, es lo que está esencialmente prohibido . Mas Aristóteles, como tantos otros de los grandes del pensamiento y del verbo, erige la exigencia de saber en marca distintiva (...)


